Fui invitado a la rueda de presa de la Alianza Nacional Constituyente (ANC), evento muy concurrido y en el cual estuvieron presentes representantes de distintos sectores políticos y sociales. Luego de la lectura de la declaración oficial de ANC por parte de Enrique Colmenares Finol y de las preguntas de los periodistas, se abrió el micrófono para que los asistentes dieran sus impresiones de la propuesta de impulsar una Asamblea Nacional Constituyente de carácter originaria en país para lograr los cambios profundos que anhela el pueblo venezolano. Algunos discursos anticomunistas y sectarios se plasmaron, por lo cual dí respuesta a los mismos en virtud de que mi partido, Bandera Roja, fue el único partido revolucionario y socialista que no apoyó a Hugo Chávez en 1998. Gracias a la camarada Karina Molina, quien grabó mi intervención.
Espacio que busca orientar las luchas que se dan en Venezuela a favor de una verdadera transformacion
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jueves, 19 de enero de 2017
Mi Intervención en Rueda de prensa de Alianza Nacional Constituyente (video)
lunes, 14 de noviembre de 2016
La postración dialogante
Cuando planteamos que solo con la presión popular se lograría el cambio en
el 2016 lo hicimos conscientes de que en la cúpula de la MUD predominaba el
colaboracionismo. Los acuerdos que los venezolanos conocimos ayer 13 de
noviembre de 2016, y que son producto de la segunda reunión plenaria de la mesa
de diálogo entre la cúpula de la MUD y la cúpula representante de las mafias
que gobiernan el país, evidencian que se busca un pacto de élites para que no
haya ningún cambio político de forma inmediata, como lo demanda más del 80% de
la población venezolana.
De esta forma, la cúpula de la MUD cohonesta
políticamente todo el discurso gubernamental sobre la "guerra
económica" cuando en unos de los puntos del acuerdo de marras se habla de "combatir toda forma de sabotaje y
boicot a la economía venezolana". Es decir, la crisis económica que
vive el país no es producto de la destrucción del aparato productivo que ha
ejecutado el chavismo durante 17 años debido a una política económica de
carácter antinacional, sino del sabotaje. Un sabotaje que, según el discurso de
la dictadura madurista, ha ejecutado justamente la cúpula de la MUD que firma
ese acuerdo. Asistimos entonces a la postración de la cúpula de la MUD ante la
dictadura.
Días antes de la segunda reunión de las cúpulas, escuchamos
al Secretario Ejecutivo de la MUD diciendo que "se acabó la tregua".
Pues esa supuesta "tregua" duró muy poco o no existió, ya que tras
bastidores, que es donde se está realizando el verdadero diálogo y la
negociación cupular, se acordó (lo vemos en los hechos) que no habría más
movilizaciones de verdadera presión convocadas por la MUD; que a cambio de ello
se liberarían a algunos presos políticos (aunque Carlos Ocariz prefirió
llamarlos detenidos para no molestar a la dictadura) y se repetirían las
elecciones en Amazonas (o sea, se acepta que hubo fraude, como lo ha dicho el
PSUV).
También se aceptó la acusación de que la MUD y la
población venezolana, que se oponen mayoritariamente a esta dictadura, son las
responsables de la crisis económica y la destrucción del aparato productivo. Se
aceptó un hipócrita llamado a la paz leído justamente por un fascista de marca
mayor como Jorge Rodríguez, el mismo que dirigió el asalto a la Asamblea
Nacional. Otra cosa que aceptó la cúpula de la MUD fue que la Asamblea Nacional
incurrió en desacato, tal y como lo decidió la oficina de asuntos jurídicos del
PSUV, el TSJ.
Distintos voceros de la cúpula de la MUD (nótese
que venimos hablando del G4, es decir, de la cúpula, no de la MUD como instancia
unitaria) ha dicho que la "estrategia" que han definido no niega las
acciones de calle como "complemento" del diálogo. Pues desde que la
cúpula de la MUD acudió al llamado de la dictadura a dialogar no se ha
convocado a ninguna manifestación popular, a pesar de que varios partidos
dentro y fuera de la MUD, asi como distintos sectores sociales, han manifestado
la necesidad de que se retome la agenda de calle para lograr lo principal: que
el cambio urgente sea en 2016 a través del referendo revocatorio. Solo hemos
visto al movimiento estudiantil convocando a movilizaciones de calle con 3
exigencias: libertad de presos políticos, salida electoral a la crisis y ayuda
humanitaria.
La actitud de la cúpula de la MUD se llama
postración. No hay otra forma de llamar a todo esto que acabamos de describir.
Una postración dialogante en la cual no se plantean perspectivas de cambio
político. Una postración dialogante en la cual se da un frenazo a la presión
popular.
Y muchos se preguntarán qué hacer. En primer lugar
construir una nueva dirección política, amplia, realmente unitaria e
incluyente. En segundo lugar, que dicha dirección política se dote de una
estrategia en la cual el principal mecanismo de lucha contra la dictadura sea
la presión popular en la calle, sostenida, sistemática, contundente, que logre
poner contra la pared a la dictadura para arrancarle lo que ha secuestrado: el
derecho al voto, el derecho a revocar en el 2016, establecido en la
Constitución. En tercer lugar, es necesario
articular las luchas sociales con la lucha por el cambio político.
Luchar por mejorar las condiciones de vida de la población es urgente. Hay que
arrancarle a la dictadura conquistas reivindicativas como: aumento salarial,
presupuesto justo para la educación y la salud, entre otras exigencias.
El único lenguaje que una dictadura entiende es el
de un pueblo movilizado, dirigido por un liderazgo que represente sus intereses
y los del país en su conjunto. La
historia de Venezuela y el mundo está llena de ejemplos donde el protagonismo
popular ha logrado derribar férreas dictaduras.
A diferencia de los voceros de la cúpula de la MUD y de la dictadura,
que desconfían de la capacidad del pueblo de salir de regímenes autoritarios y
dictatoriales, estamos convencidos de que solo con la presión popular se
logrará el cambio urgente que anhela y necesita nuestro país. En eso estamos
comprometidos.
René Cedillo
@ReneCedilloR
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René Cedillo
domingo, 11 de septiembre de 2016
Venezuela ¿Cuál futuro?, por Carlos Hermoso
Un economista amigo afirmó recientemente que la salida del atolladero que sufre Venezuela la encontraremos en un préstamo al Fondo Monetario Internacional (FMI), la dolarización del precio de la gasolina y otras menudencias helénicas. Jóvenes y viejos parecen ser los más perjudicados en Grecia con las medidas adoptadas a raíz del llamado rescate. Algo similar plantean quienes se asumen como “orientadores de una nueva política económica” para Venezuela.
Hartos del chavismo, estas ideas afianzan la incertidumbre en amplios sectores de la población sobre un futuro de Venezuela en manos de los factores hegemónicos de la oposición. La gran mayoría de venezolanos sin duda alguna pugnan por la salida de Maduro. Pero buena parte no guarda buenas opiniones sobre quienes se presentan como alternativa. Y es que estas ideas no crean confianza en la gente. En cualquier caso, en las actuales condiciones resulta un reto difícil la asunción de la dirección política del país, para cualquier opción opositora.
Ciertamente la crisis es profunda. Afecta todos los órdenes. La economía está devastada. Pero hay quienes apuestan a que el chavismo culmine su período, con o sin Maduro, precisamente por tratarse de una crisis tan grave. Parten de la consideración de que es indefectible aplicar medidas que afectarán a la gente, por lo que se deberá aplicar la represión. El régimen, en ese sentido, está mejor preparado para enfrentar la cada vez más generalizada respuesta popular ante el desastre. Se parte de la premisa de que los ajustes, siempre, en cualquier caso, afectarán a los más necesitados. Le temen pues a la respuesta popular. Pero, para nada, ofrecen un camino distinto para la superación de la crisis. Insisten, religiosamente, en que la gente deberá apretarse el cinturón, sin percatarse que ya la correa no da más.
El fatalismo en la materia, además, cuenta con tarifados que plantean una salida “consensuada”. Otros plantean al Gobierno “rectificaciones” en varias materias. Tesis que han sido propagadas por sectores aparentemente opositores aunque en realidad son agentes gubernamentales. En el mejor de los casos se trata de gente que ha perdido la voluntad política en favor de los pobres y el interés nacional. Que han sucumbido frente a la prepotencia chavista. Parece que el miedo los hace rehuir a la confrontación social, a desoír el clamor de la gente y su disposición a la lucha. O han aprendido a adaptarse, será.
En conjunto, estas consideraciones pudiesen explicar la tendencia política de factores opositores que no trabajan por una salida rápida., ni por una estrategia política que coloque en el descontento de las masas el centro de la estrategia, que ubique que el objetivo estratégico en las actuales circunstancias debe ser la salida de Maduro. Es más, aún hay tiempo para que el referendo revocatorio (RR) sea una realidad, para lo cual las masas deben ser las protagonistas del proceso. A eso muchos factores parecen temerle. Se prefiere la negociación. Algunos afirman que se trata de cambiar, cual moneda de libre circulación, RR por elecciones regionales. Todos, los de arriba, claro, salen ganando.
Sumemos que —por tratarse de una crisis que afecta las bases del sistema— los factores políticos que defienden las imperantes relaciones de producción y de cambio jerarquizan por salvar sus bases. Más se preocupan por impedir que la sociedad venezolana se encamine hacia un cambio histórico que marque el inicio del desarrollo diversificado y autónomo. Buscan, sí, preservar lo esencial de las relaciones imperantes —las de dependencia y sumisión frente a las grandes potencias—, así como la naturaleza de los nexos con el capital internacional. De allí parten las tesis y dogmas que permitirían la supervivencia, pero sobre las mismas bases que imperan actualmente.
¿Qué “modelo” fracasó?
Quienes indicamos —economistas, periodistas, políticos, entre otros, mucha gente en capacidad de difundir ideas desde esta perspectiva— parten de que lo que está en evidencia es el fracaso de un modelo. A renglón seguido, pasan a describir lo que a su juicio es esencial del tal modelo. Resaltan los asuntos de la propiedad, de las expropiaciones y la estatificación. Ideas que nada guardan relación con lo esencial, aunque estos asuntos ciertamente juegan un papel en el proceso erosivo que ha sufrido Venezuela. Por ejemplo, la estatificación y las expropiaciones, evidencia empírica adelante, contribuyeron con el proceso destructivo del aparato productivo. Pero no observan para nada lo esencial, esto es: la erosión se afincó principalmente en la escala de las importaciones de bienes que sustituyeron buena parte de la producción nativa. En este proceso, expropiar empresas y tierras para hacerlas improductivas, en diversa medida, contribuyó con el proceso destructivo.
Por eso resulta difícil ubicar un discurso coherente sobre el cuestionamiento al “modelo” imperante. En primer lugar porque nada tiene que ver el argumento con la realidad. Nada tiene que ver, por ejemplo, la política económica con medidas socialistas. Los controles aplicados en Venezuela no conducen, por ejemplo, al desarrollo. A los países socialistas se les criticó —con razón o sin ella— de tendencias autárquicas, no por su liberalización con el sector externo. La determinación del tipo de cambio para nada favorecía a los importadores, sino a la propendía a la utilización de las divisas en función de importar medios de producción o rubros no sustituibles en un plazo determinado, entre otros aspectos. De allí que se reduce el cuestionamiento a ideas que parecen dogmas, mentiras e ideología anticomunista.
Por eso nada dicen los economistas acerca de la liberalización con el sector externo de la economía. Nada dicen de los efectos perversos de la incorporación de Venezuela al Mercosur, de las relaciones liberales con China, entre otros ejemplos. Del artículo 301 de la Carta Magna que iguala el trato a los capitales nacionales y extranjeros. Nada dicen pues, acerca de la condición liberal de la política económica que requirió —era de suponerse— de los controles garantes de la realización de los bienes importados, sobre todo en materia de precios y del tipo de cambio. En definitiva, de una política que garantizó, desde 1989, destruir la economía mientras favorecía al sector importador como siempre ha sido en nuestra historia desde los tiempos de la colonia. Solo que ahora bajo el ropaje socialista.
Por eso, lo fundamental radica en la orientación general de sustituir producción nativa por importaciones cada vez más competitivas. Con ello, además de brindarles mercados a otras economías de las cuales nos hacemos cada vez más dependientes, profundizamos la condición monoproductora, afianzando el papel de Venezuela en la división internacional del trabajo como proveedor de materias primas, petróleo casi exclusivamente, al menos en esta última etapa.
El caso cubano
Desde la perspectiva de los apologetas del orden, este caso resulta emblemático. Más allá de las consideraciones ideológicas la historia de este país, resulta similar referido a la materia que nos ocupa. Espinoso el asunto, si tomamos en cuenta que el anticomunismo de estos tiempos, sobre todo en Venezuela, se escuda en el anticubanismo. Esto es, anticubanismo como antisocialismo, identificando el fracaso de un supuesto modelo al estilo cubano con el socialismo. En realidad, si reducimos la teoría de raigambre ricardiana en favor del capitalismo mundial a una división internacional del trabajo liberalizado y a favor de las economías más desarrolladas, decimos que es acertada la premisa. Nada que ver por cierto con las ideas del Che Guevara sobre la necesidad de diversificar el aparato productivo y sentar las bases de la revolucionarización del desarrollo de las fuerzas productivas materiales. En eso se parece este desastre con el de la economía cubana expresada en el llamado por ellos “período especial”.
Condenaron la economía cubana durante décadas a la especialización en cuatro rubros: azúcar, níquel, cítricos y pescados y mariscos, mientras importaban lo demás del llamado “campo socialista”, bajo la tesis de una tal “división socialista internacional del trabajo”. Ello condujo a la entrada de Cuba en el Consejo de Asistencia Económica Mutua (CAME) en 1972, instancia que condenó a los países del campo revisionista soviético a una mera especialización económica mientras la socialimperialista Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) mantenía el monopolio industrial. Los cubanos van a insistir en esta tesis con la jerarquía dada al turismo a partir del desastre que se produce con el derrumbe de la llamada URSS. Ahora plegada a los españoles y otros capitales, europeos principalmente, Cuba no sienta las bases de la industria sino de la especialización en turismo. Aunque las remesas se convierten en fuente de entrada de divisas superior a cualquier otro sector, incluyendo la “locomotora” de la economía, como designó un economista cubano al sector turístico.
En Venezuela se hizo lo propio, nos especializamos en la producción de petróleo, y con la renta, en buena medida, compramos lo que requeríamos en bienes finales y medios para reproducir lo poco que queda en pie del aparato productivo, a excepción del gran capital que entretanto ha centralizado capitales y medios como nunca. La derivación de esta tendencia es que, al caer los precios del crudo, caemos en desgracia. El apalancamiento de esta política se encuentra en la política económica de raigambre librecambista. Difícil de ser visto este asunto por gente especializada en la economía de marras.
¿Cuál salida?
Los economistas, al anunciar su programa, siempre hacen esa célebre declaración principista según la cual no se debe afectar a los más pobres, por lo que hay que contar con planes focalizados dirigidos a los más vulnerables. Cinismo que evidencia su esencia desde un primer momento. Afectará a los pobres aún más y alertan para que la cosa no llegue a extremos insostenibles.
Quienes deben pagar esta crisis, en el mejor de los casos, siempre de acuerdo a esta idea, son quienes usufructuaron el poder y destruyeron el futuro de los venezolanos. Para nada aluden a los grandes dueños de los medios de producción y de la gran banca. Parece ser, según esta perspectiva, que quienes administran los negocios de las clases dominantes son quienes deben de pagar la crisis, junto a los pobres y sectores medios, claro está. En esta oportunidad, si bien es cierto que estos administradores han trasegado riquezas inconmensurables a la oligarquía, se han quedado con una buena parte del botín, mayor que en etapas anteriores. En eso también han superado a los bipartidistas quienes también hicieron lo propio, pero —al decir de un alto dirigente de uno de los dos partidos hegemónicos— ellos “eran unos robagallinas” en comparación con el actual asalto a las arcas nacionales.
De manera religiosa se repite uno u otro dogma. Entre los más reiterados están: “hay que desmontar los controles”, “unificar el tipo de cambio”, “solicitar préstamo entre 40 y 50 mil millones de dólares al Fondo Monetario Internacional”; “cumplir con un programa de ajustes, exigidos por los acreedores, que será muy severo dados los desequilibrios”, “dolarización del precio de la gasolina y de sus derivados”. Y, sobre todo, ¡crear confianza! a los inversionistas. Claro, sin olvidar las consabidas “muestras de misericordia” con los más vulnerables. Este programa permitiría alcanzar los objetivos principales: superar los desequilibrios y distorsiones macroeconómicas, bajar inflación, reducir déficit fiscal, sincerar y unificar el tipo de cambio, entre otros. A partir de lo cual se alcanzaría la senda del crecimiento. Catecismo que no establece mayores diferencias entre crecimiento y desarrollo.
Junto a esto, según la receta, se deben crear las bases para la seguridad jurídica para crear confianza, sin “percatarse” de que ya eso existe en leyes como las del doble tributo, de protección y promoción de inversiones extranjeras, además de los consabidos artículos constitucionales. Los economistas que así plantean las cosas, no ubican que los capitales se mueven con base en el comportamiento de la cuota media de la ganancia y no por la fe.
Además de otras determinaciones como dimensión del mercado, estabilidad política, precio de la fuerza de trabajo, flexibilizaciones en materia laboral, entre otras y articuladas a lo anterior. Sumemos aquello del papel de Venezuela en la orquestación internacional una de cuyas especializaciones, si así puede llamarse, es la de ser comprador neto de bienes finales y no de productor. Con petróleo es como suficiente.
Muy poco dicen estas ideas programáticas, si así se pueden llamar, acerca del desarrollo diversificado. Menos de independencia y soberanía económica, lo que incluye el aspecto agroalimentario. Por eso no se establecen mayores consideraciones acerca de la política bancaria, fiscal y monetaria, salvo que serán de orientación restrictiva. En definitiva, se apuesta apenas a la inversión extranjera, al préstamo internacional, más específicamente del FMI, y al consiguiente paquete de ajustes. ¡Claro, no nos olvidemos de la atención de los menos favorecidos!
Las leyes del capitalismo son, como en toda ciencia, inexorables. Son objetivas. Esto es, son independientes de la voluntad de algún avisado. Por ejemplo, en la determinación del precio de las mercancías —y en el capitalismo todo tiende a ser mercancía—, la oferta y la demanda conducen a vaivenes temporales en torno del valor. Pero es la determinación del trabajo objetivado en cada mercancía lo que a la postre determinará su precio. Ello explica, en estos tiempos, la solidez del oro y el bitcoin, principal moneda virtual, como reservas por antonomasia de los capitales a escala mundial. Difícil ubicar su precio por debajo del valor. De suceder el fenómeno, tiende tercamente a ubicarse en torno de su valor. Igual sucede con las mercancías en nuestro país. Aún las importadas tienden a colocarse en torno de su valor.
Por el problema de la escasez, la especulación coloca el precio de muchos rubros muy por encima de su valor. Lo que explica que muchos productos ya se ubican hasta en el triple de lo que cuestan en Estados Unidos. Tal es el caso del azúcar que en el mercado criollo se ubica rampantemente en 3.500 bolívares un kilogramo, es decir, 3,5 dólares del paralelo, mientras que en el mercado yanqui se ubica en un dólar. Igual sucede con las inversiones. Se mueven con base en tendencias objetivas. No en la fe. Ello explica que en la época de Nixon —a propósito del famoso ping-pong entre chinos y gringos— comenzó una afluencia de capitales hacia el gran país asiático. La violación de los derechos humanos, denunciada por EEUU, parece no haber frenado para nada los capitales de todo el mundo imperialista, atraídos en realidad por las ventajas que brindaban los “comunistas”. Ninguna desconfianza tuvieron los capitales hacia el “comunismo” chino, atraídos por la baratura, abundancia y disciplina de la fuerza de trabajo de los asiáticos, y las facilidades para la explotación de los trabajadores, así como un gran mercado interno, materias primas baratas, entre otras determinaciones de una cuota de ganancia superior a la propia en los países desarrollados. Sin embargo, nuestros economistas siguen repitiendo la cantaleta de la confianza y la desconfianza.
En cualquier caso, la superación de la crisis supone la afectación de un sector u otro. Quienes proponen que sea el pueblo el que siga abriendo huecos en sus correas, proponen medidas drásticas, partiendo de una idea propia de cualquier religión. Se basan en el ejemplo de EEUU cuando producto de la crisis de 2008: “La inyección de dólares por parte de las autoridades financieras gubernamentales de Estados Unidos durante 2007 al 2010 fue de 5,04 billones de dólares —trillones en anglosajón—, esta inyección es equivalente a 35% del PIB”. Deuda que por supuesto es descargada en la gente mediante políticas tributarias e impositivas que han reflotado la banca. Hoy, se anuncia en ese país una crisis de mayores proporciones que la de entonces. Partimos de consideraciones generales en relación con el origen de esta catástrofe nacional. La hemos simplificado de manera didáctica de tal suerte que podamos distinguir las cuestiones fundamentales, partiendo de la sentencia que acuñara Lenin según la cual: “cuando expulsan de la ciencia las leyes, lo que en realidad hacen es introducir de contrabando las leyes de la religión”.
El desarrollo nacional solo puede darse sí y solo sí se formula y realiza una política económica que apuntale el proceso de concentración de capitales y, a la vez, atienda las aspiraciones nacionales y populares. De lo contrario tendremos más de lo mismo pero bajo la conducción de nuevas figuras. Incluso alguna nueva forma de dominación —manteniendo las cuestiones esenciales del dominio semicolonial— conducirá a Venezuela a una situación tan o más insostenible que la que vivimos actualmente, más cuando asumirían el Gobierno sin haber cohesionado las fuerzas represivas del Estado.
Esa es la historia del antidesarrollo venezolano como lo denominara en su oportunidad Héctor Malavé Mata. En realidad, freno al desarrollo de las fuerzas productivas por las condiciones de dependencia del capital internacional.
Salir de la crisis ciertamente supone un gran acuerdo nacional, cuya formulación e ideas centrales para superar la crisis deben contar con la premisa insoslayable de que el costo que la meta supone no será descargado en los más pobres de la sociedad. A cambio del cual se garantizará una acelerada concentración de capitales con la palanca de un sistema bancario capaz de canalizar el ahorro social hacia la inversión productiva. Además de garantizar el mercado interno para la producción nacional que parte de que los salarios se desarrollen en correspondencia con la creciente oferta de bienes y servicios. Pero de igual manera, implica que Venezuela suprima acuerdos que lesionan el interés nacional.
El rescate del signo monetario pasa por la recuperación del aparato productivo. De su desarrollo autónomo y soberano. Fortalecer el bolívar supone darle respaldo con base en la producción nacional y del abovedamiento de buena parte de las cuantiosas riquezas auríferas, sobre todo en tiempos en los cuales la lucha mundial entre las grandes economías imperialistas por su tenencia ha alcanzado una escala en correspondencia con la guerra de divisas para convertirse una u otra en referencia mundial. Asimismo, las materias primas en las que se convierten buena parte de nuestras riquezas como coltán, bauxita, hierro, entre muchas otras, deben servir principalmente al desarrollo diversificado de nuestro aparato productivo. Electrificación, industria pesada, liviana y ligera desarrolladas de manera armoniosa hacia la revolución industrial con sentido nacional y popular.
Contrario a ofertas lesivas al interés popular y nacional, es en este camino en el que la recuperación económica y social podrá ser tan acelerada que en un futuro cercano podremos hablar del ¡milagro venezolano!
Carlos Hermoso
Secretario General (adj) de
Bandera Roja
Dr. en Ciencias Sociales
Profesor UCV
Economista
Publicado en Efecto Cocuyo
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Salida
domingo, 29 de noviembre de 2015
Esto no lo aguanta nadie, por Gabriel Puerta Aponte
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| Gabriel Puerta y Sairam Rivas, incansables luchadores. Candidatos por el circuito 4 del estado Miranda por Electores Libres |
El país marcha de mal a peor, camino del abismo, hacia el hundimiento total.
Resalta la mezcla de caradurismo, de idiotez, de indolencia, de falta de sensatez y de carácter con la que una dirigencia decadente asume esta crisis general que vive la sociedad venezolana.
Las elecciones parlamentarias son usadas para generar ilusiones, para afianzar la creencia de que con marcar unas teclas se van a resolver todos los problemas.
Los oficialistas se han dado a la tarea de meter miedo, de señalar que el triunfo de la oposición será el fin de los programas sociales de atención a los más necesitados. Han amenazado con salir a la calle a protestar los resultados, reafirmando así la idea de que ellos son dueños del poder y Venezuela es su botín. Reafirmando asimismo que para ellos los ciudadanos solo son un objeto de manipulación para mantenerse en el poder.
Para la MUD la polarización al extremo se ha convertido en la posibilidad de victoria, de allí que se condene como si fuera un crimen participar desde la oposición con otras candidaturas. La unidad que no lograron por sectarismo y sentido de “viveza” ahora quieren forzarla por la vía de engañar a la gente. La verdad es que la alternativa independiente ha venido cobrando fuerza y amenaza a este nuevo bipartidismo.
Las elecciones no son una solución mágica. Hay que desechar esa ilusión y prepararse para la lucha. En definitiva el cambio político será el resultado de la decisión política del pueblo venezolano.
Estas elecciones son una oportunidad que no debemos desaprovechar. Las encuestas y las expresiones de descontento presagian una contundente derrota para el oficialismo. Hay que disponerse a votar, a castigar a los que le han fallado a Venezuela y relegarlos a un tercer lugar, para negar de esa forma el afianzamiento de un nuevo tipo de bipartidismo.
Nos lanzamos a esta contienda para evidenciar nuestro compromiso con el cambio político y nuestra voluntad de abrir caminos para la reconstrucción de nuestro país.
Es hora del protagonismo social, del surgimiento de miles de líderes de todas las comunidades, de una nueva plataforma unitaria que impulse con determinación la conquista de una Venezuela de grandeza, soberana, de paz, industrializada, de ascenso social y de amplia participación democrática.
A quienes ejercen su derecho al voto en el circuito 4 y en el estado Miranda los convocamos a unirnos en esta lucha, a votar por Electores Libres en la lista y por circuito.
¡Apuéstale a Venezuela!
El tiempo es propicio para superar adversidades y luchar hasta vencer.
¡No hay otra opción!
Gabriel Puerta Aponte
@GabrielRPuerta
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